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sábado, 24 de junio de 2017

Héroes anónimos de Las Pedroñeras (y de otros lugares)



por Fabián Castillo Molina





Se dice que puede considerarse héroe a toda aquella persona que, sin meditarlo, arriesga su vida por salvar la vida ajena y en algunos casos la pierde en el intento.

Los diccionarios tradicionales y en este caso en Wikipedia se define así al héroe o heroína:

En la mitología y el folclore, un héroe (del griego antiguo ἥρως hērōs) o heroína (femenino) es un personaje eminente que encarna la quintaesencia de los rasgos claves valorados en su cultura de origen. Comúnmente, el héroe posee habilidades y rasgos de personalidad idealizados que le permiten llevar a cabo hazañas extraordinarias y beneficiosas («actos heroicos») para salvar a las personas del peligro, por las que es reconocido (compárese con el villano).

Aquí solo quiero recordar a un paisano pedroñero, Andrés Guijarro Gallardo, más conocido como Andrés Liebre (quien, en en el verano de 1959, arriesgó su vida para salvar la de dos paisanos, Simón Moya Martínez y Nemesio Pacheco Araque

Fue el día de la gran tormenta que de vez en cuando ha sido recordada por la “venía” (gran riada), que inundó buena parte del pueblo. Aquella tormenta fue narrada en verso libre en la entrada que publicamos AQUÍ el 25 de noviembre de 2012, y había sido escrita a principio de los años 90 y leída-recitada en la fiesta del Pozo Nuevo en septiembre 1995, con numeroso público del lugar congregado allí. El propio Simón (uno de los dos salvados por Andrés) estaba presente y se emocionó hasta las lágrimas (al menos así me lo hizo saber recién terminada la actuación), pero no fue solo él quien revivió aquellos momentos dramáticos en aquella velada. Aquel mismo día, el propio Simón me relató su versión de los hechos y con ello hizo que lo relatado fuera más preciso y ajustado a la realidad.

Andrés Guijarro, se lanzó al torrente, sin pensarlo dos veces, dispuesto a salvar a estos dos paisanos, que, dando tumbos, arrastrados por la corriente, sin saber nadar, entre alguna oveja y más de un cordero, se los llevaba el agua hacia el lugar. Y los sacó a flote sin darle la menor importancia. De una manera natural. Con la conciencia bien tranquila por haber hecho lo que le pedía su instinto y buen corazón. Valga este breve entrada como homenaje póstumo a este paisano pedroñero.

Este es un fragmento del trabajo citado:


¡El camino La Veguilla se ha convertido ya en río! 
Cuando Simón se da cuenta, Nemesio se le ha "escurrío" 
Ve tragárselo las aguas, 
sus manos pedir auxilio, 
y se lanza sin pensarlo a salvar al pastorcillo, 
pero no sabe nadar, 
los dos van aguas abajo camino de su lugar. 

En esto los ve Andrés "Liebre" 
en sus últimas angustias, 
se echa de cabeza al río 
y los salva de la tumba. 


Poco después de otra grandísima tormenta y riada, la de agosto de 2009, la más grande que se recuerda desde entonces, y de la que hay mucha documentación gráfica, envié a la redacción del periódico Pedroñeras 30 días dicho trabajo y se publicó.


El segundo salvado de las aguas turbulentas, Nemesio Pacheco, se alegró mucho en 2011 cuando volvimos a vernos después de más de 40 años y reconoció a quien había tenido la idea de recrear aquella tarde negra, en la que había visto con más claridad que nunca y más cercana a la de la guadaña. Gracias a Andrés, ahí estaba él para poder contarlo a su manera con 60 años cumplidos. Le propuse que escribiera libremente sus recuerdos de aquel acontecimiento, lo hizo, me los hizo llegar por correo electrónico y de su texto y el recitado en verso surgió la narración en prosa que también fue publicada, en el blog Las Pedroñeras el 3 de diciembre de 2012 (podéis leerlo por AQUÍ), para más tarde, en 2016, verse publicada en el libro Cosas del pueblo 25 años después.




Este es un fragmento de la narración en prosa:

“Nosotros seguimos al rebaño, por la loma que sale al camino de La Veguilla y allí iban entrando las ovejas y salían nadando, ya llegamos nosotros y como no podíamos avanzar por ningún sitio yo me arrimé más al camino, resbalé y caí a la corriente, porque en aquel momento el camino ya era un río enloquecido y me llevó dando tumbos río abajo hasta llegar a un ensanche donde el agua perdía nivel. Simón luego me dijo que se había tirado al agua para sacarme, pero yo no lo vi. Sí recuerdo que en aquellos momentos de angustia y en aquel momento fue cuando Andrés pudo cogerme y sacarme ya medio ahogado y aterido de frío. Me cogió y me llevó a la era del “Fraile” donde sacó unos haces de trigo y me metió dentro para darme calor.”


Hay muchos casos más a lo largo de la historia de nuestro pueblo, que desconocemos la mayoría y que pueden considerarse heroicidades. Casos que solo conocen y no olvidan los salvados, ni los salvadores, pero que no trascienden. No sé por qué extraña razón, quizá morbosa, o quizá porque las malas noticias crean mayor audiencia, es frecuente que los medios que manejan la información o desinformación resalten con carácter general lo que se llaman “malos hechos” o “maldades humanas”. Se dedica mucho tiempo a dar aire y repetir hasta la saciedad las villanías, crueldades, crímenes, robos, violaciones, abusos, todo tipo de males, las peores pasiones y las malas noticias, mientras que lo bueno en su gran mayoría queda silenciado, aunque todos sabemos la gran cantidad de personas que dedican su vida al trabajo solidario y a ayudar a quienes más lo necesitan, y en la mayoría de los casos en el más absoluto silencio. Parece que que lo bueno tiene mucho menos tirón. ¿Por qué será?


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